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Alquimia en tierra volcánica – Lanzarote –

La Geria, Lanzarote
La Geria

Febrero ’04 – Octubre ’05

Hacía un par de meses que había vuelto de mi viaje por Perú y Bolivia, con un tobillo operado y con la pregunta interna de qué significaba a un nivel más profundo ese incidente.

En Barcelona tuve que pasar por otra cirugía para retirar un tornillo que evitaba que apoyase el pie en el suelo, así que ese fue el punto de partida de mi rehabilitación.

Desde que tuve el accidente había tenido que mirar de frente varias cosas. 1. No podía hacerlo todo sola (Tenía que pedir ayuda para gestos básicos diarias) 2. Estaba obligada a ir despacio (los primeros meses con muletas y luego con cojera hasta completar 1 año desde la cirugía) 3. Supuestamente y según los médicos, mi vida a partir de entonces estaría limitada a nivel de movimiento (nada de correr, bailar, patinar.. exactamente lo que empecé a hacer después).

Elegí Lanzarote mitad por lógica y otra por un sentir interno. Quería salir de Barcelona y volver a hacer mi vida, todavía me quedaban unos meses de paro así que el dinero entraba, y tenía muchas ganas de moverme a un lugar cálido para poder recuperar el tobillo.

Mi amigo tenía un conocido viviendo en Playa de Famara, al sur de la isla, y eso nos facilitó la llegada. Le alquilaríamos una habitación mientras encontrábamos otro alojamiento y trabajo.

Carretera a Famara
Carretera a Famara

A Playa de Famara bajaba casi todos los días, veía a los surferos mientras caminaba por la arena, recuperando movilidad. Dejé de ser fumadora regular en ese periodo tras diez años de hábito, y también empecé a buscar información sobre algo que estudiar, algo relacionado con “lo humano”.

Meses después y todavía con cojera, trabajaba en un hotel por las tardes, sirviendo Gin Tonic a los guiris, por las noches en un pub del centro, y estudiaba por las mañanas Quiromasaje y Reflexología en una escuela de Arrecife.

En Lanzarote viví un año y medio, y cambié 6 veces de casa. Había mañanas en las que – todavía con los ojos cerrados – intentaba adivinar dónde estaba. El movimiento externo era constante. De Famara a Arrecife, de ahí a Playa Honda, a Costa Teguise y de vuelta a Playa Honda, a un precioso apartamento que pude alquilar sola y que dejé cuando decidí abandonar la isla definitivamente para viajar a Australia.

En ese tiempo aprendí que necesitamos poco para nuestro día a día, me titulé como quiromasajista y empecé a trabajar en el primer spa de los muchos que vendrían después. También empecé a practicar Ashtanga Yoga regularmente, y – debido a problemas de salud y a una consulta con un naturópata excepcional – cambié mi alimentación a vegetariana. Me hice el segundo tatuaje, creando el patrón de dejar recuerdo de la experiencia también en la piel. E irrevocablemente, pero sin saberlo cambié en lo más profundo.

Los detalles emocionales que sostienen este periodo son muy variados. Separaciones violentas, retos constantes, soledad, dolor, y sobre todo mucho conocimiento interior. El reconocimiento de mi capacidad de resiliencia para enfrentarme a más cosas nuevas me equipó de herramientas imprescindibles para todo lo que vendría después.

En Lanzarote empecé a caminar una nueva senda enfocada en la salud, el bienestar, la auto observación, el desarrollo personal y el yoga. Aquella ruptura de tobillo —y la dirección hacia la que orientó mis pasos— tenía más sentido que nunca, aunque tardaría años en ser plenamente consciente de ello.

Qué ver en Lanzarote: volcanes, océano y arquitectura en equilibrio

Este texto viene enlazado con el artículo sobre Lanzarote cuyo enlace tienes en esta misma caja. Si estás pensando en hacer un viaje a esa isla de fuego seguro encuentras alguna info que te guste.

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