Yoga, la unión con el Ser

¿Qué es el Yoga?

El yoga es una disciplina tradicional espiritual, mental y física originada en la India. Aunque en la actualidad suele identificarse principalmente con una práctica corporal, el yoga es en realidad un sistema completo de conocimiento cuyo objetivo es comprender la naturaleza del ser humano y reducir el sufrimiento mediante el dominio del cuerpo y la mente.

¿Qué significa la palabra Yoga?

La palabra yoga proviene del sánscrito yuj, un verbo que puede traducirse como unir, integrar, concentrar, absorber o vincular. Este significado hace referencia a la unión entre los distintos aspectos del ser humano —cuerpo, mente y conciencia— y, en un sentido más profundo, a la integración del individuo con la realidad última.

Desde su origen, el término yoga no se limita a una práctica física, sino que describe un proceso de disciplina y conocimiento interior.

Origen e historia del yoga

Las raíces del yoga se encuentran en los textos más antiguos de la tradición india. Sus primeras referencias aparecen en los Vedas, y posteriormente en los Upanishads, donde se desarrollan ideas fundamentales sobre la conciencia, el alma y la liberación.

Uno de los textos más importantes para la sistematización del yoga es Los Yoga Sutras de Patanjali, escritos aproximadamente entre los siglos II a.C. y IV d.C. En esta obra se recopilan y ordenan las enseñanzas del yoga clásico, estableciendo un método claro y estructurado para la práctica.

Otros textos fundamentales que han influido en el desarrollo del yoga son el Bhagavad Gita, la Hatha Yoga Pradipika, la Gheranda Samhita y diversas Upanishads.

El yoga como filosofía y disciplina práctica

El yoga es a la vez una filosofía de vida y una disciplina práctica. No se presenta como una religión ni como un sistema de creencias, sino como un método de observación, autodisciplina y transformación personal.

Según las doctrinas en las que se apoya, el ser humano está compuesto por diferentes niveles: el cuerpo físico (sharira), la mente (manas), la inteligencia (jnana) y el ego (ahamkara), mientras que el alma (jivatman) permanece como principio consciente.

El yoga propone que el sufrimiento surge de las fluctuaciones mentales (vṛtti) y de las impresiones acumuladas a lo largo de la vida (saṃskāra). A través de la práctica constante, el yoga busca aquietar la mente, purificar estas impresiones y permitir una percepción más clara de la realidad.

El sistema del yoga clásico y sus etapas

En los Yoga Sutras, Patanjali describe el yoga como un camino compuesto por ocho etapas, conocido como Ashtanga Yoga o yoga de los ocho miembros. Estas etapas no son prácticas aisladas, sino aspectos interrelacionados de un mismo proceso de desarrollo.

  • Yama: principios éticos que regulan la relación con los demás.
  • Niyama: observancias personales orientadas a la autodisciplina y el cuidado interior.
  • Asana: posturas corporales cuyo objetivo es lograr estabilidad y comodidad.
  • Pranayama: técnicas de control de la respiración y de la energía vital.
  • Pratyahara: retirada de los sentidos del mundo exterior.
  • Dharana: concentración sostenida de la mente.
  • Dhyana: meditación profunda y continua.
  • Samadhi: estado de integración y absorción completa que conduce a la liberación (moksha).

Principales caminos del yoga

A lo largo de la tradición se han descrito distintos caminos o enfoques del yoga, cada uno adaptado a diferentes disposiciones humanas. Los considerados fundamentales son:

  • Raja Yoga, centrado en la disciplina mental y la meditación, y estrechamente vinculado a los Yoga Sutras de Patanjali.
  • Jñana Yoga, el camino del conocimiento y la sabiduría, que busca la liberación a través de la comprensión profunda de la realidad.
  • Karma Yoga, el yoga de la acción desinteresada, que propone actuar sin apego a los resultados.

Además de estos, existen otras denominaciones y estilos que se desarrollaron posteriormente o que enfatizan aspectos concretos de la práctica, como Hatha Yoga, Bhakti Yoga, Kundalini Yoga, Kriya Yoga, Ashtanga Vinyasa Yoga o Yoga Nidra.

Objetivo último del yoga

El objetivo del yoga va más allá del bienestar físico o mental. Su finalidad es alcanzar un estado de claridad y equilibrio que permita trascender la identificación con la materia y las limitaciones mentales.

Este estado de integración profunda se denomina samadhi, y conduce a la liberación (moksha), entendida como la superación del sufrimiento y del ciclo de condicionamientos que atan al individuo a la experiencia limitada de la realidad.

El yoga en la actualidad

En el mundo contemporáneo, el yoga se ha difundido ampliamente y se practica en múltiples formas y contextos. Aunque muchas personas se acercan al yoga por motivos de salud o bienestar, comprender sus fundamentos históricos y filosóficos permite una práctica más informada y respetuosa con su tradición.

El yoga sigue siendo, en esencia, una sabiduría práctica orientada al conocimiento de uno mismo y al desarrollo integral del ser humano.

Senda y Tiempo

Urdhva Prasarita Eka Padasana
– Agonda, India – 2019

Descubrí el yoga en 2004, mientras me recuperaba de una fractura de tobillo que había sufrido durante un viaje a Bolivia. En aquel momento vivía en Lanzarote y mi cuerpo no paraba de darme señales de desequilibrio; señales que yo no era capaz de entender.

Empecé a practicar Ashtanga Yoga de la mano de Camino Díez, una maestra directa pero cálida, con la que di mis primeros pasos tanto en la práctica guiada como en el estilo Mysore.

Después, mi movimiento natural me llevó a Australia durante varios meses y, posteriormente, a La Manga del Mar Menor, donde viví un año. En ese tiempo la práctica se volvió más interna: empecé a interesarme más por la parte filosófica y espiritual que por la física. No encontré estudios donde se impartiese ese estilo que me había fascinado, y no fue hasta mi vuelta a Ibiza cuando encontré Shankara Shala, un espacio donde pude consolidar mi práctica bajo la guía de Tomás Manzanedo.

Los años siguientes —entre viajes de tres meses con mochila y etapas viviendo en el extranjero— estuvieron marcados por una cierta inconstancia en mi práctica. Para mí siempre ha sido difícil sostenerla en casa, y la recuperaba cada vez que volvía a la isla, donde practiqué la mayor parte de esos años, hasta 2017. Esto me fue llevando, de alguna manera, a mantenerme casi siempre en la primera serie de Ashtanga, con breves periodos de la segunda, algo que a nivel físico acabó descompensándome de forma significativa.

De manera simultánea empecé a practicar Bikram Yoga, un estilo que ya había conocido en 2003 en Ibiza y en el que me certifiqué en 2014 (no con Bikram, por decisión consciente), con una escuela americana que enseñaba las mismas 26+2 posturas, lo que hoy llamamos Hot Yoga.

Amo el calor. Practicar en una sala a 40 grados, sin posturas sobre las muñecas, me abrió todo un mundo: un nuevo enfoque y un mayor autoconocimiento.

Dos años después realicé mi última formación de yoga hasta el momento, en los estilos Vinyasa Flow y Yin Yoga, ambas en India.

Desde dentro

El yoga ha sido para mí un camino de observación interna. La disciplina de la práctica trajo consigo un nuevo enfoque sobre mí misma, mis capacidades y mi potencial. También sacó a la luz partes oscuras que estaban escondidas y que, a lo largo de los años, he querido y podido trabajar.

La práctica de Ashtanga me ayudó a dar solidez y fuerza al compromiso con mi evolución a muchos niveles, pero, sobre todo, a abrir una mirada espiritual que no había tenido hasta entonces. Me permitió sostener una fuerza que brotaba en múltiples aspectos de mi personalidad y que, de otra manera, no creo que hubiese podido sostener.

Con los años y a través de la escucha del cuerpo, he ido modificando y adaptando mi práctica de asana, mientras que otros aspectos de ésta se han mantenido e incluso se han profundizado con el tiempo.

El yoga es mucho más que la parte física. Es algo que entra y te transforma; es un camino por recorrer. Posee una riqueza inmensurable y es tan multidimensional que resulta imposible describirlo: hay que vivirlo.

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