Senda y Tiempo: Mi camino personal en el Yoga.

Senda y Tiempo
Descubrí el yoga en 2004, mientras me recuperaba de una fractura de tobillo que había sufrido durante un viaje a Bolivia. En aquel momento vivía en Lanzarote y mi cuerpo no paraba de darme señales de desequilibrio; señales que yo no era capaz de entender.
Empecé a practicar Ashtanga Yoga de la mano de Camino Díez, una maestra directa pero cálida, con la que di mis primeros pasos tanto en la práctica guiada como en el estilo Mysore.
Después, mi movimiento natural me llevó a Australia durante varios meses y, posteriormente, a La Manga del Mar Menor, donde viví un año. En ese tiempo la práctica se volvió más interna: empecé a interesarme más por la parte filosófica y espiritual que por la física. No encontré estudios donde se impartiese ese estilo que me había fascinado, y no fue hasta mi vuelta a Ibiza cuando encontré Shankara Shala, un espacio donde pude consolidar mi práctica bajo la guía de Tomás Manzanedo.
Los años siguientes —entre viajes de tres meses con mochila y etapas viviendo en el extranjero— estuvieron marcados por una cierta inconstancia en mi práctica. Para mí siempre ha sido difícil sostenerla en casa, y la recuperaba cada vez que volvía a la isla, donde practiqué la mayor parte de esos años, hasta 2017. Esto me fue llevando, de alguna manera, a mantenerme casi siempre en la primera serie de Ashtanga, con breves periodos de la segunda, algo que a nivel físico acabó descompensándome de forma significativa.
De manera simultánea empecé a practicar Bikram Yoga, un estilo que ya había conocido a principios de los 2000 en Ibiza y en el que me certifiqué en 2014 (no con Bikram, por decisión consciente), con una escuela americana que enseñaba las mismas 26+2 posturas, lo que hoy llamamos Hot Yoga.
Amo el calor. Practicar en una sala a 40 grados, sin posturas sobre las muñecas, me abrió todo un mundo: un nuevo enfoque y un mayor autoconocimiento.
En 2019 realicé mi última formación de yoga hasta el momento, en los estilos Vinyasa Flow y Yin Yoga, ambas en India.

Desde Dentro
El yoga ha sido para mí un camino de observación interna. La disciplina de la práctica trajo consigo un nuevo enfoque sobre mí misma, mis capacidades y mi potencial. También sacó a la luz partes oscuras que estaban escondidas y que, a lo largo de los años, he querido y podido trabajar.
La práctica de Ashtanga me ayudó a dar solidez y fuerza al compromiso con mi evolución a muchos niveles, pero, sobre todo, a abrir una mirada espiritual que no había tenido hasta entonces. Me permitió sostener una fuerza que brotaba en múltiples aspectos de mi personalidad y que, de otra manera, no creo que hubiese podido sostener.
Con los años y a través de la escucha del cuerpo, he ido modificando y adaptando mi práctica de asana, mientras que otros aspectos de ésta se han mantenido e incluso se han profundizado con el tiempo.
El yoga es mucho más que la parte física. Es algo que entra y te transforma; es un camino por recorrer. Posee una riqueza inmensurable y es tan multidimensional que resulta imposible describirlo: hay que vivirlo.
Para seguir leyendo sobre Yoga desde esta mirada personal
Estos textos nacen de la experiencia directa.
No buscan explicar el yoga, sino compartir cómo ha ido tomando forma en mi propia vida. Tal vez encuentres en ellos alguna resonancia con tu propio camino.

